Todo lo que está conectado con Dios es correcto - Boletín 013 Julio 2011


Nuestro amor debe dirigirse definitivamente hacia Dios.
Sólo por amor logramos salir de este mundo, porque puede entusiasmar a cualquiera a terminar con la condición material. Por amor uno elige un camino y un guía espiritual, y decide entregar su corazón a ellos. Sin embargo, todo ese amor también debe ser dirigido hacia los demás, sin excepción.


El crear una atmósfera de amor en el hogar, el trabajo, el templo, etc, es una necesidad del alma.
El corazón está constantemente añorando entregar amor, no dolor. La ira no proviene del amor, sino de la tristeza. ¿Por qué nos sentimos tristes? porque no toleramos la frustración de vivir sin Dios; es por ello que cuando alguien está sumido en ira o enojo sólo tenemos que darle amor incondicional.

Si no cuidas lo que tienes de seguro lo vas a perder, eso se aplica a todo lo que está a tu alrededor. No es que amamos menos a alguien que no comprende el sentido de la vida, tampoco a quién no es devoto; debemos amar a todos por igual. La compasión debe sentirse por todas las almas, no sólo por algunas. Eso es un amor Superior. Pero en ocasiones el orgullo nos confunde y olvidamos la naturaleza del alma.

¿Cómo luchar contra el orgullo?
Es un trabajo diario de auto análisis. Para ello debes buscar el refugio de los que son más avanzados en el proceso espiritual y aceptar su guía, porque la asociación de aquellos que tienen un mayor nivel de rendición de corazón es la salvación de la vida. Basta sólo una acción que aleje la fe de una persona para haber cometido una ofensa muy grande, un aborto espiritual. Cualquier forma de desanimar a alguien en su deseo de servir a Dios o de avanzar espiritualmente es camino seguro para acabar con tu propio proceso.

Una persona que busca a Dios tiene que armonizar constantemente con otros. Eso significa también aprender a callar cuando es necesario y aceptar las adversidades que se presentan. Sin embargo, cuando se encuentra un poco cubierto por la ilusión material busca excusas para “cubrirse” aún más, esa es la raíz del problema. No es agradable estar mal con otros, al contrario, sólo significa sufrimiento. El maltratar a otros puede ser considerado como una enfermedad.

La fórmula es: no molestarse por lo que pase, así todo esté funcionando mal, eso no es razón para hacer sentir mal a los demás. Enojarse es un síntoma de ser mal agradecido. Hemos recibido tanta misericordia y todo ha sido tan perfectamente arreglado por el Señor, que quejarnos de algo es sólo una manifestación de la falta de comprensión y amor que tenemos. Pues todo lo que nos ocurre es una enseñanza, resultado de la misericordia de Dios. Las dificultades son un aspecto importante en la vida, por ello debemos agradecer a todos los que, de una manera u otra, nos enseñan cómo no debemos actuar.

A mi no me gustan las obligaciones pero, debido a los compromisos que he tomado durante la vida, he tenido que aceptar un montón de deberes.  Una persona que acepta responsabilidades es alguien admirable, así crece, se vuelve saludable y hasta se pone más feliz. Por eso les recomiendo que se comprometan intensamente y tomen responsabilidades con Dios y Sus servidores. Podemos aceptar muchos compromisos con el sistema materialista, pero eso sólo nos va a llevar a un sanatorio a causa del estrés.

Este proceso no es algo barato ni fácil de realizar, no se ven frutos si uno sigue el camino del capricho, al contrario, en la Misión de Srila Prabhupada todos tienen la oportunidad para volverse un devoto puro; pero no es algo automático, sino gradual y consciente. Es algo que hay que ganarse con el sudor de la frente y no con el sudor del de enfrente. Un predicador de corazón siempre trata de entregar lo mejor de sí, cueste lo que cueste y él ve siempre las cosas desde la perspectiva del absoluto; de esta forma sólo le queda ser agradecido con lo que recibe.

Todo lo que está relacionado con lo Divino es automáticamente benéfico para la humanidad, por el contrario, todo lo que se aleja de ello sólo ha causado estragos en el planeta y sus habitantes.

Con mucho afecto.

Swami B. A. Paramadvaiti